11 de mayo de 2015

Alvaro Alsogaray - Discursos - Interpelación al Ministro de Economía Sourrouille (1985)

Reunión 4ª – 15 de Mayo de 1985


(Viene de aquí)

Sr. Alsogaray.- Tal como estaba diciendo, nos congratulamos de que ésta interpelación se realice.

Obviamente, el señor ministro no es responsable de la crisis que vive el país. Debe tener pleno conocimiento de ella porque ha sido secretario de Planificación desde el primer momento. Si caen en su directa responsabilidad las últimas modificaciones sobre política financiera y también el colapso del Banco de Italia.

Nuestro propósito no es el de establecer un juicio de responsabilidades ni tampoco de recurrir a la esgrima parlamentaria o política. Nos proponemos formular algunas preguntas para obtener del señor ministro algunas respuestas que al término de la reunión nos permitan informar a la opinión pública dónde está ubicado el país y hacia dónde vamos. Terminó la época de las declaraciones, lineamientos y pautas generales y las planificaciones a mediano y largo plazo; tenemos que saber urgentemente dónde estamos y hacia dónde vamos.

No haremos preguntas demasiado puntuales o detalladas; nos interesan las soluciones globales, sobre todo las tendencias, los planes y las medidas concretas a tomar. Antes de formular las preguntas es indispensable un breve encuadre de cada una de ellas a efectos de precisarlas mejor y facilitar las respuestas. Cuanto más claras y concretas sean las preguntas, mejores y mas concretas podrán ser las respuestas. Quiero aclarar al señor ministro que conocemos la historia económica, conocemos los documentos elaborados, el plan de mediano plazo y todos los mensajes que han dirigido el señor presidente y el propio señor ministro. Le ahorro, por lo tanto, la tarea de repetirlos.

El primer tema que queremos abordar es el de la filosofía económica del gobierno. No se trata de una cuestión parcial; si pudiéramos ponernos de acuerdo sobre este tema, nos ahorraríamos esta interpelación.

Me apoyo en las palabras del presidente de la Nación, quien en su mensaje del 1º de Mayo de 1985 a la Asamblea Legislativa afirmó lo siguiente: “A la vuelta de muchos años de autoritarismo, la Nación… ha sido parcelada por un reglamentarismo…” Afirmó también que vivimos con ideas y organizaciones establecidas hace 40 o 50 años que no se adaptan al progreso mundial.

Continuó diciendo: “hoy esas estructuras son como una cinta que no nos deja respirar… Llevamos muchos años legislando y dictando reglamentos que parecen dirigidos a ciudadanos de mala fe. Este concepto en la acción de gobierno ha creado una maraña fantástica de control que todos padecemos”. Es el presidente de la Nación el que está hablando, no yo.

Señalaba también: “Llevamos muchos años concentrando la autoridad y centralizando todas las decisiones… La Argentina ha dejado de ser una sociedad abierta. Vivimos todos rodeados de imposiciones, prohibiciones y privilegios que paralizan las manos del innovador y favorecen a cúpulas que se han fortificado en las organizaciones para servirse de ellas… El reglamentarismo, la centralización y la impotencia judicial desalientan el trabajo creador, generan falsas necesidades de trabajo improductivo”.

Afirmó también que muchos argentinos trabajan duramente, pero trabajan mal, “en actividades improductivas” –por ejemplo, llenando planillas de control de precios que después no sirven para nada- “con dirigentes que para sobrevivir han debido abandonar las ocupaciones de fondo y dedicarse a lo urgente para evitar la ruina”. “Ha llegado – agregaba- el tiempo de encarar todo esto con una idea nueva… Debemos iniciar de inmediato la modernización del país. El punto de partida es la modernización de las ideas y las organizaciones. Con ideas y organizaciones antiguas no se pueden tener frutos nuevos.

“Es indispensable que cada argentino sepa que la posibilidad de construir la Argentina que soñamos depende de cada uno. El gobierno hará lo suyo: abrirá puertas, destrabará la economía, impulsará en suma la contundente energía de un pueblo que si tuvo fuerzas y convicción para la restauración institucional no habrá de arredrarse ahora por honda que sea la crisis que lo desafía.”

Estos sorprendentes y notables conceptos del señor presidente de la Nación, unidos a otros similares contenidos en el mismo mensaje, plantean una cuestión fundamental en el país porque apuntan justamente lo que estoy considerando: la filosofía económica que va a seguir el gobierno.

El autoritarismo, el centralismo, el reglamentarismo, las estructuras que son como una cincha que no nos deja respirar, la maraña fantástica de control que todos padecemos, las imposiciones, prohibiciones, privilegios, las ideas de 40 a 50 años que debemos modernizar, configuran un sistema que es el que rige en este momento en el país. Él es una combinación del estatismo, del intervencionismo y de la inflación; llamémosle por razones de brevedad: dirigismo inflacionario. Este sistema es el denunciado por el señor presidente, es el vigente desde hace cuarenta o cincuenta años y se mantiene actualmente en Argentina.

La formal denuncia hecha por el doctor Alfonsín de estar perversiones del sistema nos lleva entonces a formular la siguiente pregunta: ¿significa que este sistema va a cambiar? Si así fuera, ¿qué otro sistema se propone implantar? ¿Piensa en señor presidente recurrir a la economía de mercado moderna, que es el único sistema conocido donde el autoritarismo, el reglamentarismo, el centralismo, las estructuras paralizantes, las imposiciones, prohibiciones, etcétera, no existen, o por lo menos existen en mucho menor medida? Y si no la va a adoptar totalmente, ¿piensa al menos el doctor Alfonsín marchar decididamente hacia ella como una tendencia en un plazo determinado

- Ocupa la Presidencia el señor vicepresidente 2º de la Honorable Cámara, doctor Oscar Luján Fappiano.

Sr. Ministro de Economía.- El señor presidente no ha hecho más que destacar los aspectos centrales de la plataforma política que lo llevó al gobierno. Simplemente lo que está haciendo es cambiar un sistema autoritario, que efectivamente como aquí se ha dicho todos conocemos muy bien en toda su historia, para llevar adelante un proyecto político democrático que se sustenta en la larga tradición del partido radical. Esa es la esencia del mensaje presidencial; ése es el compromiso político del gobierno y en esa dirección nos movemos con toda firmeza.

Sr. Alsogaray.- Si ésa es la plataforma radical, yo debo haber vivido en otro país. (Risas) Reitero que si eso está en la plataforma radical yo debo haber vivido desterrado en otro país.

Para poder entendernos, vamos a precisar un poco más la pregunta. El presidente dice que hay que destrabar la economía, lo que significa que está trabada. Si no, no hablaría de destrabarla. También habló de autoritarismo, reglamentarismo, centralismo, estructuras antiguas que son como una cincha que no nos deja respirar, maraña fantástica, etcétera.

Entonces pregunto: ¿consiste esa acción de destrabar en suprimir el control de cambios, el control de crédito, el control de las tasas de interés, el control de precios, el control de salarios y el control de importaciones? ¿Consiste en eliminar la centralización en manos de los grandes monopolios del Estado de la explotación del gas, petróleo, uranio, cobre, servicios telefónicos, eléctricos, ferroviarios y aéreos? ¿Consiste en terminar con el reglamentarismo desmantelando los innumerables lineamientos y reglamentaciones que rigen los seguros, bancos, industrias siderúrgica, petroquímica, de papel de diario, azucarera, vitivinícola, de yerba mate, tabacalera, y muchas más? ¿Consiste en terminar con otras cuestiones como la ley de abastecimiento, el perímetro de protección del Mercado Central e incontables regímenes de promoción? ¿Se va a actuar decididamente en ese sentido? ¿Por dónde se piensa comenzar? ¿Qué grandes privatizaciones se van a realizar? No hablemos por favor de Opalinas Hurlingham, de Siam o de Austral, porque citar eso por enésima vez sería burlesco. He tratado de describir con claridad qué es lo que está centralizado, lo que está regimentado, lo que está regulado, lo que está trabado. Lo que preguntamos es ahora es si estas cosas concretamente se van a hacer.

Sr. Ministro de Economía.- Si, definitivamente. Quiero responder al señor diputado, que su interpretación de las palabras del señor presidente no se compadece con los objetivos de nuestro gobierno. El objetivo fundamental que perseguimos es precisamente fortalecer la capacidad de acción del Estado para potenciar efectivamente un proyecto de crecimiento nacional. Tenemos plena conciencia de que hemos heredado un sistema de difícil administración en muchos terrenos. Pero es nuestra responsabilidad hacerlo más eficiente sin abandonar los principios fundamentales sobre el papel del Estado que el proyecto radical tiene desde el comienzo mismo de su gestión.

Sr. Presidente (Fappiano).- Continúa en el uso de la palabra el señor diputado por la Capital. 

Sr. Alsogaray.- La respuesta que ha dado el señor ministro es clara y definitoria y me alegro que haya sido dada sinceramente.

Las palabras “centralización”, “regimentación”, “autoritarismo” y “trabas” que ha vertido el señor presidente, y que han recibido esta interpretación han quedado aclaradas. Sobre la filosofía económica del gobierno y del partido gobernante, estamos en claro y también va a quedar en claro el país.

El segundo tema es la inflación. La inflación es el principal problema argentino, del cual depende el futuro del país como comunidad organizada y sociedad libre.

El Episcopado argentino, en una magistral síntesis de la significación de ese problema, ha puesto de relieve cuáles son las consecuencias morales así como también sus efectos sobre la trama social de la comunidad. Por su parte, en su mensaje, el señor presidente de la Nación reconoce por fin la gravedad del problema y el innegable fracaso del gobierno en la tarea de resolverlo.

En diversos párrafos de este mensaje se aborda el tema en términos ciertamente sorprendentes y notables, si se tiene en cuenta la superficialidad, la indocumentación y los prejuicios con que hasta hace muy poco tiempo los más altos funcionarios del gobierno lo habían considerado.

Entre los párrafos más sobresalientes del mensaje del señor presidente se encuentran los siguientes: “La causa más dolosa del desaliento en el trabajo es la inflación”. “Existe un aspecto en el cual el gobierno nacional no puede sentirse satisfecho”. Eso es obvio. “El año anterior nos habíamos propuesto reducir el ritmo inflacionario en un 50 por ciento, y es evidente que estamos muy lejos de ello.” Esto también es cierto. “Cualquiera sea la medición que se realice, los índices inflacionarios desbordan los niveles de lo razonable y socialmente tolerable. A los niveles absolutos de por si insosteniblemente elevados del ritmo inflacionario se suma una aceleración evidente del mismo. La urgente corrección de este proceso resulta, entonces, impostergable. El panorama de 1985 presenta signos preocupantes. La espiral inflacionaria se ha acelerado con el consiguiente impacto sobre el ingreso real de la población.”

“La inflación que padece el país –escuchen los señores diputados este mensaje del presidente- no es ya solo materia de la política económica, sino una cuestión fundamental de la reconstrucción de nuestras instituciones,” Ya no estamos hablando de ser un poco más ricos o más pobres sino de instituciones del país, que resultan indudablemente afectadas por la inflación.

“En el mundo de la economía la primera de todas las instituciones es la moneda. Y esa institución es la que ha dejado de existir en la Argentina. Cuando eso sucede y ya nadie sabe lo que vale su trabajo, se subvierten todos los valores. Entonces resulta más prudente acaparar que arriesgar, especular que producir. A ese punto hemos llegado y de ese punto tenemos que salir” Aquí termina la transcripción del mensaje. Es ésta una tremenda admisión del señor presidente: la moneda argentina, primera de las instituciones de la economía, ha dejado de existir.

Mucho antes que el señor presidente, desde hace muchos años, pero específicamente a partir de 1982, presentamos este problema a los gobiernos de turno y al pueblo argentino señalando, al mismo tiempo, el grave peligro de la hiperinflación. Esa hiperinflación lleva a la disgregación social y a la posibilidad de desenlaces totalitarios: ahí están las verdaderas fuerzas de desestabilización. 

Desde entonces, como lo reconoce ahora el señor presidente, los hechos nos han venido dando la razón: en diciembre de 1982, respecto del mismo mes de 1981, la tasa de inflación fue del 209 por ciento; en diciembre de 1983, respecto de 1982 -último año del gobierno militar- fue de 434 por ciento; en 1984 respecto de 1983, del 688 por ciento. Hoy, en abril de 1985, y comparando con abril del año anterior, nos encontramos en un 938 por ciento. Si tomamos la inflación de los primeros cuatro meses del año y la proyectamos a todo el año 1985, alcanzaremos una tasa de inflación de 1.412 por ciento, cifra por cierto extravagante. Como aquí siempre se toca el tema moral y ético, digamos que esta es la mayor inmoralidad que existe en el país, inmoralidad de cuatro cifras por ahora.

Estas cifras marcan una aplastante y peligrosa tendencia. En enero de 1983 ya planteamos este comienzo de la tendencia y advertimos que si no se tomaban medidas urgentes, la dinámica hiperinflacionaria se iba a desarrollar. Ahora nos encontramos en ella y preguntamos al señor ministro lo siguiente. Reconocido el fracaso de todo lo hecho hasta ahora en materia de control de la inflación, subsistiendo plenamente las causas que la provocan y frente a la inocultable tendencia, de doloroso reflejo en los porcentajes que hemos dado, preguntamos qué piensa hacerse para quebrar esa tendencia. No estamos pidiendo que se suprima la inflación de la noche a la mañana sino que se nos diga qué se hará para quebrar el tránsito de una tasa del 209 al 1.412 por ciento y el peligro hiperinflacionario. ¿Qué piensa hacer concretamente el gobierno para cortar esa curva, revertida primero, y más adelante terminar con la inflación? Además queremos conocer el programa monetario del Banco Central para 1985 y las metas fijas para el crecimiento monetario, medidas en recursos monetarios.

Sr. Presidente (Vanossi).- Tiene la palabra el señor ministro de Economía.

Sr. Ministro de Economía.- Volvemos a caer en discusiones que ya hemos tenido en diversas oportunidades durante todo este debate.


Sr. Presidente (Vanossi).- Continúa en el uso de la palabra el señor diputado por la Capital.

Sr. Alsogaray.- El señor ministro no ha podido resistir a la tentación de considerarme tal vez un poco mogólico y repitió todo lo mismo de antes. Pero como ello ya estaba incluido en la expresión de que “con todo lo hecho hasta ahora se ha fracasado” y como aquí no hay nada nuevo, entonces habría que admitir que también se va a fracasar en el futuro. Pero no quiero formular previsiones pesimistas.

Hay un punto que si tiene importancia política, que el ministro señaló y al que me gustaría referirme: la correlación entre lo que realiza y las exigencias políticas del partido. Esto es muy cierto, pero en cuanto a tales exigencias políticas puede ser que no resulten las adecuadas para combatir la inflación. Yo me refiero a esto último precisamente y no a finalidades o exigencias políticas de diverso orden. Si la plataforma del partido gobernante incluyera la anulación de la ley de gravedad, no podríamos lograr ese objetivo por medio de la sanción de una ley del Congreso. Con ciertas cosas que pretende hacer el partido gobernante no vamos a parar la inflación sino que la vamos a aumentar, como los hechos lo están demostrando.

El tercer tema se refiere a la recesión y a la desocupación. La política inicial del gobierno se basó en tres puntos. El primero se vincula con la reactivación de la economía. En ese sentido el presidente decía que iban a levantar las persianas de las fábricas cerradas para utilizar plenamente la capacidad instalada. El segundo punto se relacionaba con la elevación del salario real. Hoy el ministro admitió que no es posible aumentar el salario real, ya que el gobierno sólo puede actuar sobre el salario nominal. En aquella época el Poder Ejecutivo pensaba que podía fijar el salario real; en ese sentido estaba totalmente equivocado. Finalmente, el tercer aspecto estaba ligado al freno de la inflación. Es decir que se trataba de tres objetivos que en el corto plazo y simultáneamente son tan realizables como un círculo cuadrado.

Entre Enero y Septiembre, mediante el simple procedimiento de aumentar la demanda interna incentivando el consumo, se logró alguna reactivación y la elevación del salario real, pero a costa de una gran emisión monetaria y de la consiguiente inflación. A partir de Septiembre se cambió la orientación. La inflación alcanzó el 27,5 por ciento mensual y se empezó la negociación con el Fondo Monetario Internacional. Entonces llegó el momento de los frenos, que consistieron en dejar de otorgar créditos al sector privado, en derivar todos los préstamos al gobierno y establecer un control total de precios. Con respecto a esto último no importaba que nadie respetase los precios, salvo las grandes empresas, las que debido a ello tuvieron que emigrar o llegaron al borde de la quiebra. Asimismo, se dejaron de pagar las cuentas, como ocurrió a fines de año. De esa forma se inició la tendencia recesiva, que aún continua.

Actualmente nos encontramos en plena recesión. Algunos creen que ya tocamos fondo, que estamos en el piso, pero no es así: seguiremos con una recesión mayor. Ello se debe a dos simples razones. Para revertir la tendencia habría que invertir o elevar el consumo mediante el aumento de salarios. Ninguna de las dos alternativas se puede concretar; la primera, porque nadie estará dispuesto a invertir, ya que todo aquel que logre salvar algunos pesos los colocará a las tasas de interés extravagantes que se pagan en el mercado o bien los utilizará para comprar dólares. En la Argentina no hay ni habrá inversiones reales mientras no se restablezcan las condiciones de confianza necesarias. En cuanto a la elevación de los salarios, ello no es posible porque caeríamos en la hiperinflación, puesto que dicho aumento debería ser financiado con la emisión de moneda. Entonces, ¿de dónde seguirá la reactivación?

Si esta tendencia declinante y este proceso recesivo son tales como los vemos nosotros, desearía saber a qué medidas se va a recurrir para quebrar la recesión y producir la reactivación. Me refiero a medidas que no estén contenidas en los informes anteriores.

Sr. Ministro de Economía.- Vuelve a manifestarse una diferencia de fondo respecto a apreciación de la marcha de la economía nacional y de los intereses que en ella operan. El programa del gobierno nacional pasa –lamentablemente tengo que insistir en argumentos que no son escuchados o no son tomados en su debida dimensión. Por reconstrucción en el sector público, en el sector financiero y en el sector externo



Sr. Presidente (Fappiano).- Continúa en el uso de la palabra el señor diputado por la Capital.

Sr. Alsogaray.- Señor presidente: es muy loable el optimismo del señor ministro. Si todo lo que ha dicho se cumple en los meses venideros, tanto mejor. Cuando lo interpelemos nuevamente en Septiembre veremos qué es lo que se ha logrado. Entre tanto, me quedo no la penosa idea de que la economía seguirá cayendo a ritmo acelerado y hasta el momento actual no sabemos qué hará el gobierno para quebrar esa tendencia. Insisto en la palabra “tendencia” ya que nunca hemos pedido imposibles. Jamás hemos pretendido que en 48 horas el gobierno resolviese los problemas, pero la cuestión es saber que se va a hacer.

Otro tema es el relativo a la política monetaria y financiera. Esta política apuntaba y apunta según declaraciones oficiales y oficiosas de sus principales autores a los siguientes objetivos: primero, terminar con la “patria financiera”, y segundo, recuperar para el Banco Central su plena capacidad de maniobra para dirigir y controlar el sistema financiero, la moneda y el crédito.

En concordancia con el punto anterior se trata de orientar el crédito hacia la producción haciéndolo inalcanzable para la especulación. También se busca corregir la hipertrofia del sistema financiero que se encuentra fuertemente sobredimensionado, anular el efecto expansivo de la cuenta de regulación monetaria, reducir el costo de la intermediación y bajar las tasas de interés.

Creo que esta descripción es bastante correcta y si corresponde alguna rectificación me la hará saber después el señor ministro. En realidad, hay que dar un poco más de tiempo para ver cómo funciona la política, pero hasta ahora los resultados no son buenos.

El efecto expansivo de la cuenta de regulación monetaria no se eliminó, se le cambió en nombre. La cuenta de regulación monetaria presentará un defecto de caja mucho más chico, pero las cifras consignadas van a aparecer de otra manera, que son los intereses de las letras telefónicas y los intereses que hay que pagar por los activos financieros que las entidades están obligadas a depositar en el Banco Central. La suma va a dar idéntico resultado o, mejor dicho, será mayor, porque en el mercado interempresario aumentaron las tasas de interés y se pagará más que antes.

Las letras telefónicas tienen una importancia política enorme para el Parlamento. Lo que ocurre ahora es que los depósitos se trasladan a los bancos oficiales y como éstos tienen demasiado dinero que no pueden prestar lo descargan en las letras telefónicas que toma el Banco Central, pagándose por estas letras 33 por ciento de interés mensual. De acuerdo con las últimas cifras que poseo, las letras telefónicas llegaban al orden de los 320.000 millones de pesos, lo cual significa un interés mensual de 100.000 millones de pesos. 

¿Creó el Parlamento este impuesto? ¿Votó el Parlamento una partida de 100.000 millones de pesos para reponer dinero de las letras telefónicas? ¿Qué significa la democracia inflacionaria sino una parodia de democracia, si un comunicado telefónico de un funcionario del Banco Central puede modificar las cuentas nacionales en 100.000 millones de pesos por mes, mientras que en el Parlamento discutimos si tienen que pagar un cuarto por ciento las bebidas gaseosas o un tercio por ciento por la retención de vientres? Estamos viviendo en un mundo irreal.
Iban a bajar las tasas de interés, pero en el call money pasaron del 300 al 450 por ciento anual; en el crédito no regulado, del 265 al 350 por ciento; en el regulado del 24 al 32 por ciento mensual; y la tasa de interés real que hoy debe pagar un empresario –no la tasa de interés que se fija en el gabinete- equivale al 5 por ciento en moneda real, lo cual representa un 80 por ciento anual. No estoy haciendo promedios, sino que esto es lo que ocurre en la vida cotidiana. Es suficiente con prestar atención a lo que sucede diariamente en la calle y anotar quién consigue créditos más baratos que esos. Este aspecto no requiere preguntas, simplemente he efectuado un análisis de la realidad.

Había quedado inconclusa la pregunta relativa a la expansión monetaria en M2; para todo el año 1985, es decir o para este mes o el que viene, sino para todo el año, ¿cómo figura ese concepto en el programa monetario? De no figurar, quisiéramos conocerlo.

Sr. Presidente (Fappiano).- Tiene la palabra el señor ministro de Economía.

Sr. Ministro de Economía.- Creo que se ha hecho referencia a dos clases de problemas. Uno primero tiene que ver con lo que convencionalmente se entiende por la contribución del sistema financiero y, particularmente, del Banco Central para sanear el déficit del sector público considerado en su definición más integral, o sea, lo que se denomina el déficit cuasifiscal del Banco Central, sobre el que se ha hecho referencia apenas en parte y que son los egresos derivados de los pasivos remunerados por el Banco Central.


Sr. Presidente (Fappiano).- Continúa en el uso de la palabra el señor diputado por la Capital.

Sr. Alsogaray.- Mi pregunta tiene importancia porque si el programa monetario fija pautas vinculadas con el M2, estaremos frente a una determinada política contra la inflación. Si en cambio hacemos lo que propone el señor ministro, estaremos produciendo al revés y el M2 se acomodará a la inflación.
El resto de los argumentos –que sería interesante discutir en una sesión especial sobre política monetaria- no me convencen, pero lo más importante es que tampoco convencen a la realidad.

Se le ha hecho decir al señor presidente que no comprendía cómo era posible que, habiendo bajado el déficit del presupuesto y habiendo disminuido la emisión, la inflación subiera. Ocurre que nada de eso es cierto: no ha bajado el gasto ni tampoco la emisión. Esto proviene de un juego que se hace al déficit fiscal y cuasifiscal. Puede servir para distraernos en nuestras elucubraciones, pero no convence a la realidad. La realidad dice que no es así y por eso durante el año pasado la inflación fue del 700 por ciento, por mencionar una cifra.

El presidente ha dicho que la moneda argentina ha dejado de existir. Esto es cierto; la moneda, medida en M1, alcanza a 800 mil millones de pesos, que equivalen a 1.500 millones de dólares. Con esa cantidad de moneda tenemos que solventar toda la economía argentina y financiar un presupuesto con un déficit de 11 mil millones

Habría que hacer circular esa masa monetaria muchas veces en el año y no se puede, por eso se emite.

Si medimos la moneda en M2 llegamos a 2 billones 700 mil millones de pesos, que equivalen a 4.500 millones de dólares Ese es todo el capital líquido existente en la Argentina.

Tiene razón el señor presidente cuando dice que la moneda ha dejado de existir. Lo malo es que no sepamos cómo vamos a hacer para reflotarla.

En cuanto al presupuesto nacional, sabemos que va a llegar una reforma. Aquí el problema es distinto; no hay herencias recibidas ni impedimentos. Queremos saber por qué el presupuesto se envía el 15 de septiembre.

El proyecto remitido el 28 de enero no sirvió porque estaba calculado con una inflación prevista del 222 por ciento, cuando se estima que va a llegar más del 1000 por ciento en el año. Tampoco sirvió porque se había calculado un aumento de 3 mil millones de dólares en concepto de impuestos mucho antes de que se enviara la reforma impositiva. Estos 3 mil millones de dólares no se van a materializar porque la recaudación tendría que haber aumentado un 25 por ciento por mes y ha caído en el orden del 17 por ciento mensual durante este periodo.

Nos dicen que van a enviar la reforma del presupuesto pero, ¿Por qué recién ahora? ¿No podrían haber enviado el presupuesto el año pasado –como correspondía- y, además, bien hecho?

A esta altura –diecisiete de meses de gobierno- no podemos aceptar las excusas que nos presentaron el año pasado. No podemos renunciar al hecho de que las cosas se hagan en tiempo y forma. Esta es una cuestión que queremos dejar sentada. 

Sr. Presidente (Fappiano).- Informo al señor diputado que sólo resta un minuto para que finalice el tiempo que se le ha concedido.

Sr. Alsogaray.- En su mensaje el presidente dijo treinta y una veces “vamos a hacer”. Eso estaba bien para un discurso del 11 de diciembre de 1983, pero en este momento no se puede decir “vamos a hacer”. Hay que tomar las medidas ya, si no desgraciadamente nuestra posición va a hacer que sigamos deslizándonos cada vez más por un penoso camino, haciendo retroceder al país y llevándolo peligrosamente al límite de la hiperinflación.

Sr. Ministro de Economía.- Si en el plano monetario se llevó la discusión a un terreno técnico se debió a una pregunta que se nos hizo. Ahora bien, si hay que centrar la respuesta en un ámbito más técnico aún –aspecto en el que a nuestro juicio aportamos todos los elementos necesarios- lógicamente podremos hacerlo, aunque en otro lugar.

Con respecto a la orientación de la política, el gobierno en definitiva la hace todos los días. Tal vez algunas de las cosas que se hacen no sean las esperadas por algunos grupos de nuestra sociedad, pero lo que realizamos efectivamente es aquello a lo cual nos comprometimos y que cuenta con el respaldo mayoritario de la opinión pública de nuestro país.


Sr. Alsogaray.- Señor presidente: en primer lugar haré un breve resumen de los temas que hemos debatido en esta interpelación.

Teníamos verdadera curiosidad por saber si los postulados proclamados por el señor presidente habían sido solamente una figura literaria o una verdadera propuesta de cambio fundamental del la política económica del país. Nos llamaba mucho la atención que el presidente coincidiese tan precisamente con la tesis que hemos sostenido constantemente en el sentido de que la causa de la decadencia argentina radica en el sistema que ha prevalecido durante los últimos años en nuestro país. También nos llamaba la atención que estuviese de acuerdo con que ese sistema estaba constituido por una extrema regulación, por el estatismo, por la regimentación y por la falta de libertad para que los agentes económicos trabajasen libremente en su propio país.

La propuesta del ministro ciertamente ha sido desalentadora. Ahora estamos convencidos de que nada va a cambiar. Todo va a continuar como hasta el momento y, por lo tanto, el país se va a seguir hundiendo cada vez más en esta lamentable combinación de las más alta inflación del mundo –tal vez la única excepción sea Bolivia- y una gran recesión. Quizás a esto se refirió el presidente cuando habló de economía de guerra, frase que fue bastante difícil de entender.

No sabemos si el presidente quiso decir que la situación del país es equivalente a la que existiría en una nación que ha soportado una economía de guerra. Quizás quiso decir otra cosa. Las referencias que hizo a la recuperación alemana y a la japonesa todavía nos confunden más, ya que evidentemente Alemania y Japón no salieron de la crisis con economía de guerra, sino precisamente abandonando esa economía, y lo que se promete acá es una economía de guerra que en sentido literal consiste en reducir todos los consumos de la población civil para poder destinarlos al esfuerzo de la guerra. Solamente que hoy el esfuerzo de guerra no es tal sino simplemente despilfarro y desorganización.

El país realiza exportaciones del orden de los 8.700 millones de dólares, importa por 4.700 a 4.800 millones y tiene que pagar alrededor de 5.000 millones en concepto de interés. Por lo tanto, lo que le queda para mantener el ritmo de la precaria actividad económica que existe en este momento está muy por debajo de las necesidades de importación. 

El dilema que enfrentamos los argentinos es muy claro: o nos ajustamos todavía más el cinturón, que es lo que promete este plan, o inversamente tendremos que producir una gran expansión económica para poder exportar más, y al exportar más conseguir las divisas necesarias para pagar los intereses de la deuda externa y al mismo tiempo hacer crecer al país.

Pero para poder exportar más, para agrandar al país, se necesitan varias cosas y ninguna de ellas se ha mencionado esta noche. No es con las medidas que se han anunciado esta noche como vamos a salir de la presente situación.

El país tiene recursos naturales y humanos pero le falta capital. El capital argentino está emigrado en el exterior y el extranjero no piensa venir a la Argentina en estas condiciones. Si no hay ingreso de capital, no hay solución para los problemas argentinos. Si no hay retorno de capitales, tampoco. No se puede reemplazar al capital con papel pintado. Cuanta más moneda espuria se emita, peor será la situación.

La Argentina está experimentando una rápida desmonetización de su economía que ubica el coeficiente de liquidez por debajo del 3 por ciento, lo cual hace que el total de dinero disponible, el total de dinero líquido, alcance apenas a 1.500 millones de dólares, con los cuales hay que atender a toda la economía argentina y un déficit de presupuesto de 11 mil millones de dólares. En estas condiciones es como si se le sacara la sangre a un cuerpo humano. El país se está desangrando, su trama social se está desangrando y no vamos a poder seguir así porque las tensiones sociales no lo van a permitir.

La desazón proviene de qué esperábamos un cambio luego del mensaje del señor presidente. No va a ser así. La decadencia argentina, el régimen que ha imperado en nuestro país durante estos cuarenta años, llega a su agotamiento. ¿Por qué? Porque hasta ahora ha podido subsistir gracias a tres cosas: primero, a costa de capital. El país ha ido consumiendo su capital, sus ferrocarriles, sus teléfonos y sus líneas aéreas, y los ha ido consumiendo sin reponerlos.

Segundo, ha vivido permanentemente de préstamos del exterior, y tercero, ha postergado problemas mediante el mecanismo inflacionario. Hoy no puede recurrir a ninguno de estos tres factores. No puede seguir consumiendo el capital porque está casi derruido, no puede obtener más préstamos en el exterior, por lo menos para pagar déficit internos, y no puede seguir recurriendo a la emisión monetaria porque va a caer rápidamente en la hiperinflación. De manera que este sistema dirigista e inflacionario de los últimos cuarenta años afortunadamente ha llegado a su fin. Ahora habrá que pensar seriamente, frente a la situación que se nos va a presentar próximamente, que haremos de acá en adelante.

Evidentemente, las propuestas que hemos escuchado hasta ahora y todo lo que conocemos acerca de ellas no constituyen una solución porque son una repetición del viejo sistema. No hay ninguna variante respecto de lo que ha provocado la decadencia argentina. Tampoco, la hay con relación a lo que hicieron los gobiernos militares, principalmente el último. El tan denostado monetarismo se está aplicando hoy más que nunca. La tasa de interés es hoy más grave que nunca. Lo único que se hace es tratar de producir un efecto recesivo mediante la suba de las tasas de interés y, obviamente, con semejantes tasas de interés no hay país que pueda salir adelante.

Voy a efectuar una pequeña disquisición doctrinaria. Existen solo dos maneras de organizar la sociedad: el modo socialista, regido por un comité central de planificación que da instrucciones a todos, que planifica todo: la moneda, el crédito, la producción de bienes, los precios, los salarios, etcétera; y el modo que se traduce en el mercado, que organiza la sociedad espontáneamente y en libertad.

Estas dos posiciones extremas no se dan en la práctica en forma absoluta, pero el problema es saber si el rumbo se encamina hacia un lado o hacia el otro. Los que están en el medio, los intervencionistas, los dirigistas, los inflacionarios, no tienen una teoría, una doctrina, no saben hacia donde van; todos los días inventan soluciones pragmáticas, es decir, tal como Martinez de Hoz, que decía que no era partidario de tal o cual teoría, son que era pragmático y gradualista, y esto es lo que se hace hoy en la Argentina.

Por eso falta el rumbo y la gente no sabe a dónde acudir; no hay credibilidad en absoluto. Esta es la conclusión que hemos extraído de la exposición del señor ministro en el día de la fecha.

Quiero reseñar rápidamente cuál es la única alternativa viable, dado que a pesar de no ser ese el motivo de esta reunión, se ha puesto de manifiesto la intención de escuchar otras ideas.

Pues bien, hay otras ideas. Lo que necesita el país es provocar un shock de confianza. Oportunamente se dirá como se llega a ese shock. Una vez producido, inmediatamente se iniciará un retorno de los capitales argentinos emigrados al exterior. Al retornar dichos capitales caería la tasa de interés; es la única manera de que caiga la tasa de interés. Al caer la tasa de interés, los agentes económicos, los empresarios, vuelven a invertir y de ese modo se reactiva la economía, se reabsorbe la desocupación y de allí en más comienza a recuperarse el salario real. Esta lógica es irrebatible y la única duda que …


Sr. Presidente (Silva).- La Presidencia desea saber si el señor diputado va a utilizar la prórroga de tiempo autorizada.

Sr. Alsogaray.- Si señor presidente.

Sr. Presidente (Silva).- Le restan cinco minutos para finalizar su exposición señor diputado.

Continúa en el uso de la palabra el señor diputado por la Capital.

Sr. Alsogaray.- La única cuestión que queda por resolver es cómo se provoca ese shock de confianza.

Ahora bien, hay un segundo aspecto a examinar. Para que estos capitales puedan ser invertidos en el país hay que abrir los grandes campos de la economía al capital privado. Esta es la gran transformación que se debe efectuar.

Todo lo que se puede considerar importante desde el punto de vista económico está en manos del Estado. Los argentinos –me dirijo especialmente a los jóvenes- no pueden llegar a ser nunca petroleros, dueños de una línea aérea o poseer una usina eléctrica. A lo sumo, pueden aspirar a atender un quiosco o un almacén, pero no otra cosa. Si quieren llegar a ese nivel tienen que emigrar a otros países.

De manera que debemos abrir el campo del petróleo, del gas, de los servicios públicos, para que acudan los capitales privados y de paso el Estado se descargue del peso de sus empresas y de las pérdidas en que incurren.

No es con el café de la oficina ni congelando vacantes, ni ninguna de esas cuestiones que son insignificantes frente a la magnitud del déficit que tenemos, como se podrá resolver el problema.

El shock de confianza requiere tres elementos. El primero es la oportunidad política; el gobierno la tenía el 10 de diciembre de 1983, porque lo apoyaba el 52 por ciento de la población, al que debe agregarse el resto, que lo acompañaba. Esa oportunidad política ahora se ha perdido. El segundo es que se haga con personas creíbles. No se puede prometer una disminución del 50 por ciento en la inflación y subirla al mismo tiempo; no se puede prometer que no caerían bancos y éstos cierren, ya que mucha gente efectuó depósitos en dólares y en pesos que nos les serán devueltos. No se puede prometer que se reactivarán las fábricas y que no se cerraran sus persianas, ocurriendo todo lo contrario al propio tiempo. El tercer elemento se refiere al conjunto de medidas técnicas que obviamente no voy a explicar aquí, pero que están escritas desde hace mucho tiempo y, por supuesto, a disposición de quien quiera verlas.

En resumen, el país está viviendo un momento muy importante. Se ha agotado el sistema que ha producido nuestra decadencia y hay que buscar otra cosa. Las posibilidades no son muchas y sería muy conveniente que los argentinos encaremos seriamente un debate sobre el país que queremos en el futuro: si queremos un país socialista caminemos francamente hacia ese objetivo; si queremos vivir en libertad caminemos hacia las ideas liberales. Lo único que no podemos hacer es quedarnos por la mitad. En ese sentido, es apto recordar la frase de Rueff: “Sed socialistas o sed liberales pero no seáis mentirosos”.



Transcripto del original en papel por Claudia Bonzo, corregido por Pablo Parenti

Nota: Es nuestra intención transcribir el libro completo, material que iremos subiendo a medida que este listo. Una vez terminado el trabajo se armara el (PDF) para su descarga. Siendo este libro edición del Congreso de la Nación y no habiendo en sus páginas nota que indique lo contrario, creemos de buena fe que podemos hacerlo sin infringir ley de propiedad intelectual alguna.

No hay comentarios.

Publicar un comentario

Este sitio no oficial tiene por objeto difundir liberalismo en general, liberalismo ucedeista en particular y situaciones históricas marplatenses.

Los comentarios están abiertos a todo el público. Sin embargo, el moderador se reserva el derecho de publicación, siendo la única condición el respeto por las personas y su ideología. No se publicarán comentarios que contengan insultos ni expresiones vulgares.